Es tu problema. Por Alejandro Ariza


Es tu problema.

Por Alejandro Ariza

Desde que fundé Nueva Conciencia, y desde muchos años atrás, siempre tuve la idea de que todo pasaba exclusivamente dentro de nuestra mente, pero no es sino hasta últimas fechas donde se está corriendo el velo tan evidente, que lo estoy observando tan fiel que me asusta el tamaño de la evidencia.

Sé perfecto que esto no debería de sorprenderme en absoluto. A momentos me siento tan simple como describiendo el hilo negro. Pero a momentos también me ha impresionado darme cuenta de la inmensa cantidad de personas que no conocen el hilo negro. Quizá por ello es que me animé a reflexionar de esto hoy aquí.

Todo lo que sientas que sucede en tu vida, sólo lo sientes dentro de ti por la interpretación que das a todo lo que sucede fuera de ti. Nada del exterior puede afectarte en realidad, sino cómo lo interpretas en tu muy particular y enteramente privado e interior mundo. Pero vamos más allá… esa interpretación estará ligada a tus capacidades intelectuales y emocionales; y esas capacidades dependerán de si las cultivas o no. Está en ti. Si hay algo de afuera que no te gusta, si alguien hace algo que no te agrada, literalmente hablando… es tu problema.

Tarde o temprano uno se llega a dar cuenta, fehacientemente, de esto. El diccionario de la Real Academia Española, define la palabra “problema” asi: Conjunto de hechos o circunstancias que dificultan la consecución de algún fin. Y yo creo que la definición más cerca de una Nueva Conciencia sería: Problema es el conjunto de hechos o circunstancias dentro de ti, en tus pensamientos, en tu capacidad de percepción e interpretación, que dificultan la consecución de algún fin.

Imagina la siguiente escena (por cierto una muy común): alguien llega tarde a una reunión y sólo alcanza a ver como un pequeño grupo de personas estaban charlando y tomando unos tragos. En algún momento, alguien toma la palabra y empieza a hablar mal de cierto partido político, quizá hasta con fundamento, y en ese momento, aquella persona que llegó tarde empieza a sentir coraje y rechazo contra el que habla, porque el que llega es precisamente un militante apasionado del partido del que aquel estaba hablando mal. Es automático que el militante se sienta ofendido por aquel. Pero…, si observas con atención y claridad, mucha atención y mucha claridad, se pude notar a todas luces que, en este ejemplo, quien estaba hablando mal de ese partido político ¡ni conocía a ese que entró y llegó tarde! Si no lo conocía, si ni sabe quién era… ¡¿Cómo podría intentar ofenderlo o hacerle daño?! Incluso, muy posiblemente ¡¡¡ni se entero de la llegada o presencia del militante!!! Y sin embargo, aquel se alcanza a sentir ofendido por el que opinaba. Ve la escena claramente… y la ofensa del militante ¡solamente está en sus pensamientos! El coraje, odio o rechazo que pueda sentir están sucediendo sólo y exclusivamente dentro de sí, porque afuera sólo sucedió y sólo se dijo lo que correspondió decir a quien opinó, sin intención de nada más. En este ejemplo, si el militante me viniera a ver como terapeuta y me platicara su coraje, simplemente le diría: es tu problema.

Imagina otra: el marido que dijo algo despectivo acerca de determinado rasgo físico de ciertas mujeres. Si la esposa lo tiene, se sentirá ofendida. Si esa mujer me viniera a ver quejándose del mal trato que siente de su marido con ese tipo de comentarios, le diría: es tu problema. Y es que es posible que el marido sólo haya hecho una observación por lo que vio en la televisión o le sorprendió en la calle con respecto a ciertas mujeres, y no haya visto que su mujer lo tiene, nunca quizo ofender, pero la ofensa ¡sucedió! Sucedió exclusivamente dentro de la cabeza de ella. Afuera no pasó nada malo. Ahora bien, si se da el caso en que el marido sí sabe perfectamente que ese tipo de comentarios herirán a su mujer y tiene la franca intención de hacerlo diciéndoselos (como también se sucede mucho donde no hay amor) entonces se abre otra reflexión más profunda pero sobre la misma línea de análisis: Qué fuerte que ella se permita ser ofendida…, porque cuando aún él teniendo la intención de hacerlo, ella se reserva el privilegio de interpretar dentro de su muy privado e interno mundo, todo lo que suceda afuera, donde incluso un comentario con intención de herir, lo podría interpretar como: “…sin duda, mi marido está loco y enfermo. No se pude esperar más de una persona así”. Y se acabó. No hay ofensa ninguna. Hay… comprensión. Y la comprensión es la llave que abre las puertas de entrada a la compasión. En este ejemplo sería ya tan fácil que ella pudiera elegir (1) dejar a su marido pacíficamente y sin aspavientos debido a la clara intención de ofenderla en forma constante y preferir seguir por su pacífico camino, o (2) entender que vive con un enfermo de padecimiento irremediable al que no hay que tomarlo nunca en serio por lo mismo. Aunque… se abre para muchas, una tercera opción interpretada así en su interior: mi marido me odia y me ofende y me tengo que aguantar no se hasta cuándo y ni sé por qué.

Al saber bien lo que hoy estoy compartiendo, este hilo negro… si eliges sufrir y sentirte ofendida u ofendido, es tu problema. De nadie más. De nadie.

Y si algo es tu problema, es tan tuyo, pero tanto, que eres la única persona capaz de resolverlo. Nadie lo podemos resolver por ti. Ni el terapeuta, ni el sacerdote, ni la bruja hechicera, ni el psiquiatra, ni el consejero matrimonial, ni el autor de superación personal, ni la religión, ni la pastilla, ni tu mamá, ni tu papá, ni el gobierno. Simplemente es tu problema, y todo problema lo puede resolver exclusivamente su dueño.

Aquí en Nueva Conciencia, pues la verdad ya son muchos, muchos años de dedicar mi vida a la gente. Son miles de conferencias, cientos de auditorios, decenas de países donde he tenido la dicha de exponer mi Nueva Conciencia; cuando Dios te lleva a realizar un tipo de trabajo tan público, es hermoso llegar al nivel donde alcanzas a ver que toda opinión no es algo tan relacionado a lo que hagas como a lo íntimamente relacionado al tipo de vida y capacidad de quien lo observa. A todos mis amigos y amigas artistas les encanta cuando les explico esto, y ¡cómo no!, si vivimos algo parecido. Estar en el escenario es exponerte, estar en la vitrina es colocarte ahí donde constantemente habrá quien se quiera detener a admirar o quien quiera tirar piedras. Y ni lo uno ni lo otro depende de lo que está en la vitrina, sino de quien la observa.

Si yo te contara la cantidad de comentarios que recibimos en Nueva Conciencia, no podrías creer la disparada magnitud de percepción que hay frente a un mismo hecho. Amo Nueva Conciencia como mi compañía (¡pues cómo no!), pero más la amo por lo que ahí he podido aprender para luego entender y posteriormente enseñar. Algún día publicaré un libro con los comentarios más increíbles que recibimos, de todo tipo, en donde al ver todos juntos, se denota imponente que nunca se trató del hecho a criticar, sino de las cualidades del interior de la persona que opinaba. ¡Dios! Será un gran libro. Quizá cuando cumpla 50 años.

En verdad, si algo no te gusta, es tu problema, no de lo que no te gusta. Si alguien te desagrada, es tu problema, no de ese alguien. Todo está en tu cabecita (por usar una metáfora tan comúnmente escuchada pero tan atinada a la vez). Y si logras darte cuenta de esto…. ¡En ese mismísimo instante se te abren frente a ti las puertas del paraíso, donde gobierna un solo rey y soberano absoluto: Tú. Ese fantástico lugar donde todo sucede como tú lo ordenes. Tú eres el rey, la reina. Ahí ya nada te afecta sin tu consentimiento. Ahí ya nada te ofende sin tu autorización expresa. Ahí empiezas a ser consciente de tu parte divina creadora. Ahí puedes llegar a descubrir con asombro que, sí, efectivamente, todo era tu problema creado sólo y exclusivamente por ti y por nadie más. Entonces, ahí decides dejarlo de crear. Se acabó todo sufrimiento. Se acabó todo. Y desde ese lugar, se puede ver hacia fuera con impresionante capacidad de comprensión. Entonces desde ahí se empieza a sentir profunda compasión por quien no ha entrado a donde tú acabas de ingresar. Y no…, ni intentes invitarlos a pasar. Nadie pasa por invitación. Solo se ingresa a ese paraíso por decisión propia. Lo que sí te puedo garantizar es que ahí diario se vive con una gran… ¡Emoción por Existir! – Alejandro Ariza.

Publicado por

senderosalalma

psicologa con orientacion transpersonal, Formadora y facilitadora de Nuevas Constelaciones, Terapeuta Energética

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