Medicina chamánica


La Medicina Chamánica
La medicina chamánica, como la mapuche, es una medicina eminentemente energética. El hombre participa en un cosmos constituído por una inmensa red de fuerzas que dan vida y forma a todas las cosas y seres existentes, al tiempo que los conectan entre sí. En virtud de tales lazos, que incluyen a todos los fenómenos energéticos, el hombre será afectado por esas fuerzas cósmicas y puede a su vez afectarlas; puede influir sobre otros seres así como ellos pueden influir sobre él. Este tipo de energía tiene la propiedad de poder ser concentrada y proyectada a distancia, así como también condensarse en forma sutil o grosera dentro de un ser vivo o una cosa.
Ella puede ser irradiada por el pensamiento o emoción de un hombre (odio, ira, envidia, etc.), por un espíritu maligno, por el alma de un difunto irritada, etc. Esta creencia animista es muy común todavía en Galicia bajo la denominación de “mal de ojo”, “ahojamiento” o “mala mirada”.
Esa energía disolvente, destructiva, perturbadora, al penetrar en un organismo biológico cuyo estado orgánico y funcional es armónico, es decir sano, provocará obviamente una ruptura de esa armonía y provocará la enfermedad. La acción energética a distancia es simbolizada por los pueblos chamánicos, incluida la Grecia arcaica con su Apolo, por el disparo de flechas mágicas. Otros pueblos con similares conceptos son los bergdama del suroeste de África. El hombre moderno, al ser incapaz de percibir la realidad no ordinaria, no se percata de que está siendo víctima de esta energía intrusa hasta que los efectos patológicos de la misma son ya manifiestos, así como además atribuirá a estos últimos una explicación causal válida sólo en la realidad ordinaria. En consecuencia, las terapias que se efectúen, sólo actuarán sobre los efectos y no sobre las causas de la enfermedad, que permanecerán ocultas. Esta “otra realidad” está intrínsecamente unida a un modelo de pensamiento, al “paradigma sagrado del chamanismo”.
Por el contrario, el chamán tradicional que se halla sensibilizado para percibir ese tipo de realidad no ordinaria vivenciará y sufrirá mucho más dramáticamente la enfermedad. El hombre moderno sólo tendrá dolores o perturbaciones molestas en un estadio avanzado del proceso patógeno, en cambio, el chamán los tendrá apenas se introduzca la enfermedad en su cuerpo; cuando el hombre moderno no siente nada el chamán puede estar sufriendo agudos dolores, por ejemplo.
Y esta vivencia más real, más consciente del chamán, es la que puede llegar a serle más nociva, aunque parezca paradójico. Ya sea por que se quebrante más rápido su resistencia psicológica a la enfermedad, ya sea porque determinadas actitudes psíquicas producto de la vivencia de la enfermedad. El hombre moderno hallándose inconsciente de la situación no tendrá tales actitudes hasta avanzado el proceso morboso. La noción de energía en el chamanismo se aproxima mucho más al concepto chino de Chi (Qi) patógeno que al occidental de energía, pero no obstante la concepción chamánica es mucho más amplia que la china.
Todo lo que he comentado en este artículo es meramente divulgativo, no refrendo ni comparto de ningún modo la actitud -que personalmente censuro- de aquellas personas que aplican indiscriminada e inapropiadamente el término “Energía” a cualquier influencia sutil, real o imaginaria, para tratar de dar validación “científica” a sus argumentaciones y se lucran de una forma escandalosa con las creencias ajenas. Me estoy refiriendo en este artículo a los auténticos chamanes, con los que he convivido y compartido experiencias dentro de su propio contexto étnico, social y sagrado, en su propia cultura. No debemos criticar o “pontificar” sobre sus actos fuera de su propio contexto cultural y vivencial. Es muy fácil negar de forma sarcástica y con una suficiencia absurda esos actos si solo los contemplamos desde la comodidad del sofá del salón y con los prejuicios de nuestro intelecto. No necesitamos validar nada con la ciencia occidental puesto que nos expresamos desde un contexto epistemológico ajeno a la misma, y si recurrimos a sus nociones – estricta o libremente- es con el simple y único fin de llegar a ser comprendidos por aquellos lectores que no han vivido esas experiencias, así como hacer evidente a los ojos de los lectores que sí han convivido con chamanes los alcances formidables de la sabiduría ancestral que representa esta cultura milenaria.

(Artículo de pronta aparición en la revista “Saber Alternativo”).
fuente: http://www.chamanismogalicia.blogspot.com

Publicado por

senderosalalma

psicologa con orientacion transpersonal, Formadora y facilitadora de Nuevas Constelaciones, Terapeuta Energética

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