EL ARTE DE PERMITIR-HERRAMIENTAS Y PRÁCTICAS PARA LIBERAR NUESTROS BLOQUEOS CON LA ABUNDANCIA-VIERNES 22 DE FEBRERO, 18 30 HS

 

 

TE INVITO A PARTICIPAR DE UN ENCUENTRO PARA SANAR TU VÍNCULO CON LA PROSPERIDAD Y ACTIVAR TU CONCIENCIA DE ABUNDANCIA.

CONTRIBUCIÓN : 50 PESOS
LUGAR: SENDEROS AL ALMA, ORTEGA Y GASSET 910
CUPOS LIMITADOS . Es necesaria la inscripción previa al 154373509 o por mail a senderosalalma@gmail.com.

Facilita: Lic Roxana Cecilia D’Angiola
Psicóloga U.B.A. Transpersonal y sistémica.
Docente de Reiki- Consteladora.

LA FUERZA CURATIVA DE NUESTRO SER MÁS PROFUNDO (Parte 1 de 2)

427284_350368151647956_100000243221922_1435587_773634949_n El ser humano es parte integral de un cosmos inteligente.

El modo y manera de cómo piensa, siente y actúa resulta decisivo para su desarrollo, su complexión y su salud. Cuerpo, psique y mente forman una unidad. La enfermedad es, pues, más que los síntomas que nos molestan. Nos indica equilibrios internos que hemos perdido por estrés, emociones, miedos. Curar significa restaurar el orden y la armonía del ser humano entero, lo cual conlleva una curación de los síntomas. En toda persona existe una fuerza curativa innata en forma latente.

No es nuestra fuerza. Es una “fuerza originaria” que yace en nuestra profundidad. Quiere ser despertada. No sustituye a la medicina oficial, pero la completa.

 Me interesa presentaros una visión completamente nueva del mundo y del ser humano, del cuerpo, de la psique y de la conciencia y, como consecuencia, de una nueva postura en relación con la salud, la enfermedad, el sufrimiento, el morir y la muerte. Quisiera abriros los ojos a una perspectiva nueva sobre la enfermedad, la vida y el morir. Intentaré esbozar una comprensión diferente del ser humano y del mundo, que podría ocupar el lugar que ahora ocupan un antropocentrismo y un geocentrismo ingenuos. A menudo se trata de un brote de conocimiento que sacude nuestro concepto del mundo. Esto ha sido mi caso debido a mis experiencias personales en los caminos del zen y de la contemplación. En estos caminos se encuentran potencias curativas y equilibrantes. El ser humano se va viendo cada vez más como una totalidad.

Como sabemos hoy en día, los aspectos espirituales y psíquicos desempeñan un papel decisivo en la curación de las enfermedades.

El nuevo pensamiento científico proyecta una luz nueva sobre la salud y la enfermedad. También la medicina clásica va descubriendo poco a poco la unidad de mente y cuerpo y comprueba que cooperamos activamente en la enfermedad y la salud de nuestro cuerpo. Una enfermedad no es exclusivamente algo físico o mental. El conocimiento de la interacción de mente, psique y cuerpo lleva a un cambio de paradigma en la medicina y, con ello, a una nueva interpretación del cuerpo físico.

Nuestro cuerpo no es ninguna máquina inconsciente que se puede reparar quitando o reemplazando partes. No es ningún conglomerado de moléculas, sino más bien un conjunto de procesos, y éstos forman un cuerpo. Hace ya tiempo que se ha demostrado: podemos intervenir muy conscientemente en nuestro cuerpo y en nuestra psique, podemos influenciar nuestro cuerpo mediante nuevas comprensiones. Hay un campo entero, llamado psiconeuro- inmunología, que está investigando estas conexiones.

Se está estudiando la influencia de la mente y de los sentimientos sobre el sistema inmunológico. A fin de cuentas, la pregunta que se plantea es: ¿hasta qué punto influencian nuestra conciencia, nuestros pensamientos el cuerpo físico, y viceversa? Más claro aún: ¿Es posible que la conciencia se materialice?

Metapatología

 

Muchas personas, hoy día, dudan del sentido de la vida. Sufren de una neurosis noogénica, como la denomina Victor Frankl; es decir, una neurosis que se debe a causas existenciales y no psíquicas. Maslow lo denomina metapatología. La enfermedad verdadera está localizada mucho más profundamente que los síntomas. Se hace patente en la pregunta: ¿Por qué vivo? ¿Quién soy realmente? ¿Por qué esta desgracia? ¿Por qué precisamente me toca a mí?

Si en épocas anteriores el ser humano preguntaba: ¿cómo encuentro a un Dios misericordioso?, hoy día pregunta: ¿por qué existo? No sabe por qué deambula durante unos cuantos decenios por este planeta, llamado Tierra, una especie que sabe reflexionar sobre sí misma desde hace unos pocos milenios.

Estas preguntas dan a conocer un anhelo que C.G. Jung atribuye al instinto de individuación.

 “Entre todos mis pacientes que han superado la mitad de la vida, o sea, mayores de treinta y cinco años, no hay ni uno solo cuyo problema final no sea el de la actitud religiosa. En última instancia, las personas enferman por haber perdido lo que las religiones vivas han dado a todos sus creyentes en todos los tiempos, y nadie queda realmente curado si no vuelve a alcanzar una actitud religiosa que, por supuesto, no tiene nada que ver con la pertenencia a una confesión determinada o a alguna Iglesia concreta” (Jung, Obras completas, tomo 11, Zurich, 1963, p. 362).

 

Percibir las necesidades espirituales básicas

 Si no se satisfacen las necesidades físicas básicas, el ser humano enferma. Si deja de comer, si carece de oxígeno y de agua, el ser humano muere. Pero, de la misma forma, enferma si no satisface las necesidades espirituales básicas. Lo trágico radica en el hecho de que la mayoría de las personas ni siquiera se da cuenta de estas necesidades espirituales básicas.

Cuando una persona tiene hambre, busca algo para comer. Sabe que, si no satisface esta necesidad básica, enfermará. Pero si no percibe su hambre, tampoco buscará comida. Contraerá una enfermedad carencial.

Si sigue sin ingerir alimentos, morirá. Muchas veces no nos damos ni cuenta de que estamos espiritualmente desnutridos y, debido a ello, carecemos de resistencia y fuerza para la vida real.

¿Qué hacer pues? Deberíamos buscar el contacto con nuestra naturaleza más profunda. De ahí vendrán las fuerzas que curan y regulan. Existe una energía por debajo de nuestros pensamientos y deseos. La denominamos nuestra naturaleza más profunda. Así que hay algo detrás de nuestra estructura personal, algo que utiliza esta estructura personal como un instrumento. Esta naturaleza más profunda toca, por así decir, ese instrumento.

Pero podrá tocarlo solamente si el instrumento está dispuesto a ello. Si está demasiado poseído de sí mismo como persona, queriendo tocar su propia melodía, lo que sonará será una melodía disonante. No hay ningún remedio más eficaz que nuestra naturaleza más profunda. No tenemos que buscarla, únicamente tenemos que quitar de enmedio las capas superpuestas para aprovecharnos de su potencia curativa. Para ello, el peregrino humano tiene que cultivar y relativizar su yo temporal.

La psicoterapia puede proponer ayuda. Pero únicamente cuando traspasemos las fronteras del yo por la vía purgativa (camino de purificación) caeremos en la cuenta de nuestros condicionantes y estaremos preparados para un profundo proceso de curación.

Felicidad o salvación

 

Enfermedad y salud son asuntos muy sutiles. La carencia de sentido nos enferma. En general, las personas buscan más bien la felicidad que la salvación. Lo que entienden las personas por felicidad y por salvación no es lo mismo. Aunque felicidad y salvación van, de alguna forma, de la mano, si buscamos asociaciones a estas palabras, nos encontramos con contenidos conceptuales bien diferentes. La gente se refiere a algo muy distinto cuando utiliza estos términos. La felicidad tiene que ver con vivencias agradables. Forman parte de ellas la comida, la casa, la satisfacción de las necesidades físicas, pero también sentirse aceptados, queridos, tener un estatus y seguridad.

Lo que no forma parte de la felicidad son el miedo, el sufrimiento, los conflictos, la soledad y la muerte. Salvación, sin embargo, se refiere a algo muy diferente. Si hablamos de salvación no pensamos simplemente en una vida feliz. Salvación significa más bien haber encontrado la respuesta definitiva al sentido de la vida.

Aunque los caminos de salvación son muy diferentes, todos tienen algo en común. Conducen a través de la confrontación, de la necesidad, el miedo, el morir y la muerte. De modo que salvación y felicidad pueden ser contradictorias en nuestra vida. El camino a la salvación no es una calle ancha. A menudo conduce a través de una puerta estrecha, por un sendero empinado, nos lleva a través de las profundidades del inconsciente; allí se nos confrontará con las personas, con el mundo, con el mal, con la muerte y con Dios.

 

La salvación surge del fuero interno

 

Parece ser que la curación del cuerpo es una consecuencia de la curación interior. El espacio de mayor sosiego y paz interior tienen un efecto curativo. ¿Dónde lo encontramos? Platón nos cuenta de Sócrates que habló con un joven sobre sus dolores de cabeza. Pone en boca de Sócrates: “El joven se quejó el otro día que siempre le dolía la cabeza cuando se levantaba por las mañanas”.

¿Cuál es el remedio que Sócrates recomienda al joven? “Igual que no se debe hacer nada para curar los ojos sin la cabeza, ni la cabeza sin el cuerpo entero, tampoco el cuerpo sin curar el alma; ésa era precisamente la causa por la que los médicos de los griegos no estaban preparados para curar la mayoría de las enfermedades, por no tener en cuenta la totalidad a la que deberían dirigir sus cuidados, y al estar mal ésta, sería imposible que alguna parte estuviese bien. Porque todo, dijo, provenía del alma, lo malo y lo bueno” (Platón I).

Sócrates era de la opinión de que no se deben curar los síntomas de una enfermedad, sino a la persona entera. De ésta forman parte la psique y la mente y, sobre todo, ese ámbito de nuestra condición humana que denominamos transcendencia o, en la terminología tradicional, Dios. Todo se origina en el alma, opina Sócrates. Nuestro concepto existencial y del universo tiene que ver con la salud y la enfermedad mucho más de lo que nos imaginamos.

Sócrates aconseja al joven que padece de dolores de cabeza que tenga en cuenta la totalidad. De ella forma parte también lo que llamamos espiritualidad. Espiritualidad significa andar por el camino que conduce al ámbito transpersonal de la consciencia, al que se suele dirigir generalmente la religión pero, sobre todo, el esoterismo. Si se descuida la parte espiritual, se produce un desequilibro, igual que ocurre cuando se descuida el ámbito físico.

No solamente nuestro cuerpo resultará enfermo, sino la persona entera, aun cuando la enfermedad aparezca primero en el cuerpo.

La enfermedad no supone ningún fracaso. Hay quienes luchan contra su enfermedad porque la consideran un castigo. Creen incluso haberla merecido. Hay personas que desde su infancia equiparan el dolor con el castigo. La enfermedad nunca es castigo, lo que hace es conducir a la persona a una crisis.

El concepto “crisis” viene del griego y tiene, entre otros significados, los de separación, decisión y elección. La crisis puede convertirse en una crisis de decisión, un desafío para comenzar una nueva etapa de la vida. Las enfermedades nos llevan a situaciones límites. Se produce una inseguridad fundamental. La cuestión es saber si somos capaces de considerar la inseguridad como el punto de partida hacia algo nuevo. Inseguridad significa que no es posible determinar de antemano el final.

Si se le dice a una persona que le quedan sólo pocas semanas de vida, perderá todas sus defensas. Este fenómeno es bien conocido entre los llamados pueblos primitivos. Cuando el mago comunica a una persona que su conjuro le producirá la muerte, ésta muere. El cerebro y el sistema nervioso son tan sólo el “hardware” del ordenador humano, el “software” es la conciencia. El programador es el sí-mismo interior. El que entre en contacto con el programador interno, será capaz de cambiar el programa.

 

Enfermedad y espiritualidad

 

Hay personas que en el fondo no quieren ser curadas.

Una persona se queja de dolores permanentes de estómago. Ningún remedio le alivia. La causa se encuentra en el ámbito psíquico. “¡Si me curo, perderé mi subsidio de enfermedad!”. Pero no resulta fácil curar este ámbito psíquico enfermo, porque hay en él una falta de confianza primaria en el sentido más profundo de la vida, que se encuentra en el ámbito transpersonal. Si el enfermo cae en la cuenta de que existe un sentido de la vida más amplio, los síntomas en los niveles inferiores desaparecerán. Cuando alcancemos el acceso a este sentido más profundo de la vida, nuestra opinión sobre la enfermedad cambiará. Dejaremos de luchar contra los síntomas y preguntaremos por sus causas.

Curaremos integrando la carencia. Tenemos que buscar, pues, los aspectos no integrados para integrarlos. La enfermedad nos conduce a lo que no vivimos, lo que hemos desplazado, lo que no queremos aceptar. Nos lleva a nuestra sombra. La enfermedad puede ser un intento de autocuración, porque puede salvaguardarnos de un colapso definitivo que se daría si nos cerramos al sentido de la vida que yace en lo más profundo de nosotros.

Energías curativas

 

¿Qué podemos hacer? ¿Cómo volver a encontrar la totalidad de nuestra condición de seres humanos? Este cuerpo que poseo se encuentra en constante interacción con mi naturaleza auténtica, con mi naturaleza más profunda.

En la meditación intentamos prestar atención a los impulsos que provienen de lo profundo de nuestro Ser, y se materializan. La meta es no bloquearlos. Durante la meditación el sistema nervioso central funciona de forma diferente de cuando estamos despiertos o soñando. La respiración se vuelve más lenta, reduciéndose a dos o tres inspiraciones por minuto en el caso de personas más avanzadas. La coherencia mental se incrementa y la forma de las ondas cerebrales se modifica.

 Meditación, contemplación y otros caminos espirituales intentan poner orden en nosotros. Nuestra mente caótica entra en una nueva coherencia gracias al sosiego. Pero el proceso no resulta fácil, porque el campo mental se ve constantemente modificado por los impulsos del yo.

Lo que importa en la meditación es estar decididos a permitirnos este sosiego en nuestra agitada vida cotidiana. Hay dos componentes indispensables para ello. Por un lado, el foco: observamos la respiración propia, repetimos una palabra, un mantra o un sonido, o realizamos una actividad muscular rítmica. Se trata de interrumpir el flujo de los pensamientos cotidianos y de “liberar” la cabeza. Por otro lado, una postura pasiva frente a los pensamientos que distraen o que invaden: por ejemplo, no preocuparse de si se hace correctamente o no, sino volver a dirigir la mente con suavidad al foco mental.

El camino más simple y menos costoso para alcanzar la relajación discurre a través de las siguientes etapas:

1. Escoja una palabra, un concepto o una oración que desee utilizar como foco, o simplemente concéntrese en su respiración.

2. Siéntese de forma tranquila en una postura cómoda.

3. Cierre los ojos o déjelos semiabiertos, sin fijarlos en nada concreto.

4. Relaje sus músculos.

 5. Respire lentamente y de forma natural, repitiendo su “palabra foco” en cada espiración.

6. Manténgase pasivamente, no se preocupe de si lo está haciendo bien. Si sus pensamientos “se van de paseo”, vuelva a llevarlos al foco.

7. Siga con este procedimiento durante unos 10 a 20 minutos.

8. Vuelva a realizar este ejercicio una a dos veces al día.

 

Otra sugerencia más:

• Escuche a su cuerpo.

Cuando se presente algún dolor, sumérjase en él en vez de luchar contra él. El dolor se convierte en el objeto de la atención. Así que no apriete los dientes, relájese más bien en el interior del dolor. Trate el dolor de forma positiva y cariñosa. Estar atento no significa meramente darse cuenta de lo que ocurre en cada momento en nosotros y en nuestro entorno sino, además, aceptarse en cada instante tal como uno se está encontrando.

También forman parte de ello los sentimientos desagradables y difíciles como, por ejemplo, el miedo. Note cómo se siente el miedo dentro de usted. No desplace el miedo, pero tampoco debe identificarse con él. Esto no se logra en poco tiempo. Ha iniciado un sendero que dura toda la vida.

Si no lo abandona, el camino le transformará.

(Continuará)

DEL LIBRO
LA VIDA NO TERMINA NUNCA DE WILLIGIS JAGER

 

SENDEROS SOLIDARIOS: JUEVES 21 DE FEBRERO DE 19 A 20 HS ENCUENTRO DE DIKSHA E ILAHINOOR

QUERIDAS ALMAS LAS INVITO NUEVAMENTE  A RECIBIR DIKSHA   E ILAHINOOR

LOS ESPERO CON TODO MI AMOR, EN SERVICIO Y GRATITUD.

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Diksha es una bendición de Unidad. Genera un proceso de despertar de consciencia. Se trata de la transferencia de una energía inteligente que se alinea con la necesidad interior del receptor, llevándolo a experimentar un creciente estado de unidad consigo mismo, sus relaciones, la vida y la Divinidad.
La bendición de Unidad se entrega colocando las manos sobre la cabeza o a través de la intención. Tal como una semilla es plantada y sigue su curso de crecimiento, el Diksha inicia un florecimiento interno que no tiene fin.
La Bendición de Unidad funciona a través de un progresivo cambio neurobiológico. Esto va generando una transformación en la forma en que percibimos y experimentamos la vida. Este proceso interno abre a la persona a vivir un bienestar real en medio del mundo de hoy y es un portal hacia lo Trascendente.
La Bendición de Unidad es compatible con todos los caminos, religiones y prácticas espirituales por lo que cualquier persona puede recibirla sin ningún tipo de experiencia previa ni práctica.

JUEVES 21DE  FEBRERO  DE 19 A 20 HS

CONTRIBUCIÓN VOLUNTARIA no excluyente
Roxana D’Angiola
Diksha Giver

Jose Luis Parise – El Mapa De Acceso a La Nueva Era

 

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José Luis Parise

Investigador, Escritor y Psicoanalista Argentino premiado Internacionalmente por los Resultados obtenidos en los más de 100 Viajes y 30 años de Experimentación e Investigación en las Culturas Iniciáticas del Planeta, gracias a los cuales logró Metodizar los 11 Pasos que por igual Recorrieron esas Culturas para la Propia Iniciación en la Magia.

José Luis Parise nació en Buenos Aires, Argentina. Es Psicoanalista, Investigador, Conferencista Internacional y Escritor.

Realizó numerosos Viajes de Investigación a Sitios donde perduran Vestigios del Saber Oculto Original tales como Machu Picchu en siete Oportunidades, Camino del Inca, Lago Titicaca, Pirámide de Egipto, Pirámide de Chichen-Itzá, Sacsyahuamán, Ollatanytambó, etcétera.

En Dos Oportunidades Recorrió El Camino Del Inca, Accediendo (Guiado por Chamanes y Guías de Gran Prestigio) a “El Otro Camino”: Circuito Esotérico no Turístico y Secreto, reservado para Lo Más Sagr… más

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CELEBRACIÓN DE LA LUNA LLENA DE FEBRERO- EN LA PLAYA!!!!!!!!!LUNES 25 DE FEBRERO, 19 HS, PLAYA DE STROBEL Y LA COSTA

Queridas  almas  , los invito a reunirnos en la playa de Strobel y la costa,el lunes 25 de Febrero a las 19 para ver salir la luna y meditar con ella

Los espero con todo mi amor!!!!

Roxana D’Angiola

TRAE ALGÚN OBJETO PARA  CONSAGRAR EN EL ALTAR, SEMILLAS  , FLORES  O ALIMENTOS PARA OFRENDAR A LA PACHA

CADA LUNA LLENA ES UN MOMENTO PODEROSO DONDE NOS CONECTAMOS CON LAS FUERZAS CÓSMICAS PARA TRAER LUZ Y BENDICIONES A NUESTRA TIERRA ..
EN AMOR Y SERVICIO AL DESPERTAR!
BENDICIONES A TU ALMA!!!!!!!!!!!!!!
ACOMPAÑA AMOROSAMENTE ROXANA D’ANGIOLA

POR CUALQUIER INFORMACION SOBRE ESTE EVENTO : COMUNICATE AL 0223-154.373509 – senderosalalma@gmail.com.ar
CELEBRA LOS CICLOS DE LA VIDA, CELEBRA LA LUNA, CELEBRA LA NUEVA TIERRA, CELEBRA EL DESPERTAR DE TU ALMA!!!!!!!!!!!

EL ENCUENTRO ES ABIERTO

TE ESPERO CON TODO MI AMOR Y MI SERVICIO, HONRANDO A TU ALMA DESDE MI CORAZÓN!

La inteligencia del corazón

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Publicado por Josefina

Los científicos nos dicen que el corazón es inteligente, que tiene un sistema nervioso independiente y bien desarrollado, que a pesar de que la materia del corazón es diferente de la del cerebro se descubrieron en él más de cuarenta mil neuronas, y una compleja y tupida red de neurotransmisores, proteínas y células de apoyo. Y con todo esto parece que puede aprender, recordar e incluso percibir.

 

Los investigadores han puesto de manifiesto la existencia de cuatro clases de conexiones que parten del corazón y van hacia el cerebro:
1. Neurológica, mediante la transmisión de impulsos nerviosos
2. Bioquímica, mediante hormonas y neurotransmisores
3. Biofísica, mediante ondas de presión
4. Energética, mediante interacciones electromagnéticas

Por la vía neurológica el cerebro del corazón puede influir en el cerebro de la cabeza, es decir, en nuestra manera de pensar y de ver las cosas, en nuestra percepción de la realidad y en nuestras reacciones, especialmente las emocionales. Empezamos a sospechar que cierto dominio emocional que vemos en ciertas personas excepcionales no procede del control que ejerce el intelecto; bien sabemos que ante las grabaciones del subconsciente, poco puede hacer el intelecto. Sabemos que tenemos que
manejar nuestro cuerpo emocional, pero saberlo no es manejarlo. Y queremos seguir lo que dicen nuestros guías, o los libros de los Maestros, pero el intelecto no nos ayuda.
Ahora los científicos nos hablan de otro cerebro, el del corazón. Otra forma de inteligencia que podríamos llamar la INTELIGENCIA DEL AMOR. Esa inteligencia que proviene del Maestro Interno, del Alma y que tiene su sede en el corazón. En relación a la comunicación bioquímica del corazón al cerebro, se demostró que el corazón es el que produce la hormona ANF, que asegura el equilibrio general o “homeostasis” y uno de sus efectos es inhibir la producción de la hormona del estrés, en especial el cortisol.

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Además el corazón segrega su propia adrenalina cuando la necesita. También produce la occitocina, llamada la hormona del amor y la libera en grandes cantidades cuando nos encontramos en un estado afectuoso.
En relación a la comunicación biofísica, se ha observado una relación directa entre la presión sanguínea, la respiración y ciertos ritmos del sistema nervioso autónomo.
Y en cuanto a la comunicación energética nos dicen que el campo electromagnético del corazón es 5.000 veces más intenso que el del cerebro y más potente que cualquier otro órgano del cuerpo. Produce de 40 a 60 veces más bioelectricidad que el cerebro. Y lo más interesante es que el aspecto del campo magnético del corazón cambia en función del estado emocional.
Cuando sentimos miedo, estrés, frustración, enojo, etc. se vuelve caótico; en cambio, cuando se experimentan emociones como la gratitud, la compasión, el perdón, etc. toma un aspecto ordenado y se obtiene lo que se llama un “espectro coherente. Este campo se extiende entre 2 a 4 metros alrededor del cuerpo, permitiendo a todos los que nos rodean recibir la información
energética contenida en nuestro corazón.

El amor del corazón no es una emoción, es un estado de conciencia inteligente que nos permite vivir desde el corazón, en unión con nuestra naturaleza divina en la profunda unidad con todo lo que existe. Observa como la fraternidad, la compasión, la bondad, el respeto, la creatividad y el genio creador, es decir, los pensamientos y sentimientos elevados son
manifestaciones de la unidad en la que vivimos, mientras que las emociones negativas son manifestaciones de la separatividad.
Cuando vivimos reconociendo que somos uno con todo lo que existe, que no es otra cosa que ver a Dios en todo, los dos osciladores del cuerpo que son el cerebro y el corazón, vibran en perfecta sincronicidad y como consecuencia envían a todo el cuerpo órdenes coherentes, eficaces, inteligentes y totalmente adecuadas a las necesidades del momento.
¿Qué tenemos que hacer para despertar la inteligencia del corazón de manera que pueda tomar el comando de nuestras vidas?
Nos dicen los científicos que tenemos varios circuitos por medio de los cuales nos llega información que ocasiona respuesta en nosotros. El primario, que es completamente inconsciente, y nos permite salir huyendo de una situación de peligro sin tener que reflexionar. Luego el inteligente, que nos permite el razonamiento y el tercero, una mezcla de los dos, en donde los recuerdos del inconsciente se activan y producen reacciones que pasan por la corteza, “el inteligente” y ésta de alguna manera los justifica. El Maestro DK lo llamaría, pensamientos emocionales o kama manas.
Ahora la ciencia nos presenta otro circuito que va del corazón a la cabeza y ahí está la clave. El cerebro del corazón activa en el cerebro de la cabeza los centros superiores de percepción completamente nuevos que interpretan la realidad sin apoyarse en experiencias pasadas, este nuevo circuito no pasa por las viejas memorias, su conocimiento es inmediato, instantáneo, y por ello, tiene una percepción exacta de la realidad. Su inteligencia no separa sino que une, reconociendo en todo momento la gran red de vida en la que estamos todos. Es la conexión cósmica que la inteligencia divina nos ha legado para que podamos recuperar nuestro origen divino y nuestra sabiduría esencial. Es la forma de tener una mente iluminada, o como dicen
algunos, “resplandor en el cerebro”.
¿Y cómo activar éste circuito? Viviendo desde el corazón. Cada pensamiento, cada emoción, presentarla primero al corazón y ver si está en armonía con el Amor que allí se encuentra. Hay que trascender los deseos personales y aprender a vivir según la intención del corazón, que es la intención de tu Ser Interno.
El impedimento mayor que tenemos hoy en día son las memorias grabadas en nuestro inconsciente que se activan cada vez que son estimuladas. Busca ser testigo de ti mismo, de tus propias reacciones para que puedas verlas, porque cuando se ven, se van. Para ello tienes que asumir la plena responsabilidad de tus emociones, agradables o desagradables, decidir no culpar a nadie por tus reacciones emocionales y reconocer que el verdadero origen de tus reacciones emocionales no está en lo que ocurre en el exterior sino en tu interior.
Hay un camino hacia el Corazón que ha sido anunciado por todos los Maestros, haríamos bien en recordarlo: Cultiva el silencio, haz contacto con la Naturaleza , vive periodos de soledad, medita y contempla, busca la verdadera belleza, vive con sosiego y quietud, cuida tu entorno vibratorio, recupera el sentido de lo sagrado, recupera la inocencia al no juzgar,
reconoce las sincronicidades en tu vida, trabaja en grupo, coopera, vive con sencillez, escucha.
Ten presente que tu Corazón tiene una inteligencia superior, escúchalo y pregúntale cuando no sepas que hacer.

Annie Marquier

De su libro: “El Maestro del Corazón”