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ROMPER LAS BARRERAS DEL JUICIO


El juicio es una parte natural de nuestra vida diaria. En el supermercado olemos y tocamos las frutas para saber si están lo suficientemente buenas para comprarlas. Cuando hacemos una adquisición importante, como un automóvil o una casa, hacemos una lista de pros y contras para ayudarnos a tomar una decisión de la que no nos arrepintamos en los próximos años. La eficacia de nuestro sistema judicial depende del juicio imparcial y analítico de los casos legales llevados al estrado. Entonces ¿por qué el juicio es algo que debemos hacer a un lado cuando se trata de nuestras relaciones interpersonales?

Los kabbalistas enseñan que cuando juzgamos a otras personas, estamos básicamente construyendo una barrera entre nosotros y los demás que evita que nos conectemos con otras personas, que compartamos y les mostremos compasión. Sabemos que deberíamos ver más allá de los rasgos físicos, las diferencias culturales y las cualidades que conforman el carácter de una persona para poder entender a un individuo debajo de la superficie. Aun así emitimos juicio todos los días. De buena manera o no, silenciosamente evaluamos a los demás y medimos qué tan buenos son de acuerdo con los aspectos superficiales de su persona.

A menudo, la raíz del juicio se encuentra en el ego. Sentir envidia de alguien, sentirse superior a alguien más, o simplemente sentir molestia por las acciones de otra persona son trampas emocionales que conducen al juicio. Comenzamos a criticar a las demás personas para poder sentirnos mejor con nosotros mismos. Al final, este tipo de juicio puede hacer más para dañar nuestro propio bienestar que cualquier otra persona.

Si estamos conscientes de las trampas que pueden conducirnos al juicio, podemos intentar frenar nuestro comportamiento y crear un gran cambio en nuestra vida. Es importante mantener en mente que el juicio por lo general es un bastón en el que nos afincamos cuando no nos sentimos lo suficientemente valiosos. Los sentimientos negativos surgen cuando nos comparamos con alguien más y dudamos de nuestro propio valor. Los talentos, las características o las bendiciones de otra persona pueden hacernos sentir que tenemos carencias en ciertas áreas de nuestra vida. Buscamos sus defectos para poder hacernos sentir mejor acerca de nosotros mismos, lo cual termina lastimando nuestra propia autoestima.

Adicionalmente, juzgar los defectos de otras personas puede que nos haga sentir mejor acerca de nosotros mismos temporalmente, pero esto alimenta el ego y entorpece nuestro crecimiento espiritual.

Karen Berg dice: “El cosmos constantemente nos ofrece la oportunidad para conectar con nuestro propósito: poder ver a las personas y ofrecer amor en lugar de juicio. Todos tenemos momentos de juicio. Si en medio de esos momentos podemos recordar respetar la dignidad humana de los demás, entonces podemos superar las barreras entre las personas y conectar con el amor, lo cual es el nivel más elevado del ser espiritual y la conexión espiritual”.

El juicio también puede surgir cuando nos desagrada el comportamiento de otras personas. Pero muy a menudo estos comportamientos se asemejan a los nuestros. Somos culpables de las mismas actitudes y comportamientos que aborrecemos en los demás, pero nosotros no lo reconocemos; literalmente ese comportamiento es “desconocido” para nosotros. Cuando comiences a juzgar a otras personas por lo que han dicho o hecho, haz una introspección sincera y pregúntate cómo quizá te has comportado del mismo modo en el pasado. Observa cuáles características compartes con las personas que juzgas. Tenemos mucho más en común con aquellos a quienes juzgamos de lo que pensamos.

Karen Berg dice: “Si una persona me está hablando, pero realmente no la estoy escuchando porque pienso que ya conozco su intención, entonces me es imposible ayudar a esa persona porque ya he actuado como juez y jurado. Esa es la razón por la cual es tan importante que hagamos un esfuerzo sincero para salir de nuestro marco, de nuestras opiniones y de los velos que nos cubren para que podamos realmente entender a otra persona y ofrecerle nuestra ayuda”.

Cuando comiences a sentir que el ego nubla tu visión con respecto a los demás, cambia tu atención hacia lo positivo. Ve las fortalezas o las habilidades en otras personas como un reflejo de la belleza en el mundo. Cuando te enfocas en lo bueno, tiendes a ver sólo lo bueno. Al hacer un hábito reconocer la Luz en todas las cosas, estarás mejor equipado para detener al ego antes de que se convierta en juicio.

El ego nos divide, cuando nuestra meta debería ser siempre conectar con otras personas y mostrar compasión. Cada individuo debe recorrer su propio camino en la vida, el cual naturalmente viene con éxitos y fracasos únicos. Nuestra meta debería ser siempre actuar con compasión, escuchar, ayudar y compartir; cosas que no podemos lograr cuando estamos enfrascados en los sentimientos de juicio. Sé consciente de dónde provienen tus pensamientos a medida que interactúas con otras personas y nunca perderás una oportunidad para aprender y compartir con los demás.

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