Luna llena en Escorpión: El aguijón que nos inicia.


Luna llena en Escorpión

La que despierta a la Tierra

La luna llena en Escorpión del 18 de mayo ilumina todo lo elaborado por Venus desde que comenzó un nuevo Ciclo chamánico y su camino como Estrella de la Mañana el 2 de noviembre de 2018.


En ese entonces Venus comenzó su nuevo ciclo chamánico en el filo de Libra-Escorpión marcando el trabajo crucial a desarrollar por los próximos dieciocho meses: depurar la toxicidad y venenos en nuestros vínculos.


Venus es considerada por nuestras culturas ancestrales como la hermana gemela de la Tierra, la que se teje con ella para despertarla. Sus ciclos son poderosos, sus tránsitos activan nuevas espirales de consciencia disponibles para la humanidad. En 2012 el tránsito visible frente al Sol marcó el inicio del puente de ocho años entre la vieja y la nueva era, puente que termina su tramo en 2020.

Con esta Luna llena en Escorpión, la luna de Wesak, de la iluminación y compasión, se abre y se ilumina todo lo que hemos elaborado con Venus -consciente o inconscientemente- en torno a nuestros vínculos, las toxicidades y sombras que cultivamos en la forma de relacionarnos.

¿Qué hemos aprendido dolorosamente en estos últimos seis meses? ¿Quién nos mintió? ¿A quién mentimos? ¿Quién traicionó nuestra confianza? ¿A quién sentimos que traicionamos? ¿Qué hicimos que parecía “inocente” pero en realidad reveló un conflicto o una compulsión interna? ¿Qué relación o relaciones nos hicieron mirar la toxicidad con que establecemos vínculos?

Escorpión es la escuela que nos espejea aguas profundas: el lago oscuro, el fango, el lodazal, los desechos líquidos y semilíquidos del cuerpo. La escuela de Escorpión nos muestra lo profundo y doloroso del veneno y la belleza y luz de la medicina.


En esta luna llena somos requeridas para pesarnos por completo: huesos, agua, espíritu y corazón. ¿Quiénes somos verdaderamente? ¿Cómo podemos saberlo? ¿Nos hacemos cargo de nuestras toxicidades, de nuestra medicina y nuestros venenos? ¿Nos hacemos cargo de nuestros desechos o como niñas rogamos que alguien más se haga cargo de ellos?


Venus desde noviembre de 2018 nos está invitando con cada conjunción a la luna a ir elaborando el tema de nuestras relaciones y nuestros venenos para relacionarnos, a la luz de cada arquetipo. En esta luna llena Venus se encuentra en Tauro, el arquetipo opuesto a Escorpión. Y ahí como una Guía nos pide despertar a formas inimaginables de habitarnos en la Tierra y de vincularnos con ella. El gran tema de este plenilunio es la depuración de vínculos. 

Venus con Urano en Tauro nos pide compasión, tierra, raíces limpias, innovación en nuestras formas naturales de vincularnos con la Madre Tierra, con nuestro cuerpo, con nuestros hábitos. Urano nos pide quebrar todos los rituales que ya no nos vinculan con la vida, romper con valores, principios y hábitos que ya no nos hacen sentir en casa.

Conviene ponernos en silencio frente a nuestros espacios sagrados: tiempo, lugares físicos, cuerpo, límites personales, para reconocer los hábitos, valores y rituales cotidianos que ya no nos hacen florecer.

Autocuidado y Espacios Sagrados

Límites amorosos y espacios sagrados

¿Dónde habita la raíz de lo que vivimos como abandono, traición, rechazo, injusticia o humillación? ¿Por qué pensamos que los demás “deberían darlo todo” sólo porque nosotras estaríamos dispuestas a destrozarnos por los otros? ¿Por qué caemos en patrones continuos de autosacrificio? ¿Por qué sentimos que nuestras relaciones o la vida nos decepciona una y otra vez?


El Nodo Norte en Cáncer nos habla de nuestras emociones, de los sentimientos, sensaciones y percepciones con que nutrimos nuestros vínculos, y el Nodo Sur en Capricornio nos muestra la necesidad de colocar límites para amar saludablemente… amarnos a nosotras mismas y mantener una distancia elocuente para también amar a l@s otr@s.


Por mucho tiempo las enseñanzas de la escuela arquetípica de Capricornio fueron bien aceptadas en los varones de la vieja era, pero no en las mujeres. La escuela de Capricornio nos enseña a estructurar sin emoción, a ser guardianas de las funciones de nuestros compromisos, a custodiar los límites entre ser y compartirnos, a colocar límites donde es necesario colocarlos. Esta escuela es la metáfora de los lindes de tierra o las puertas de la presa que impiden que las aguas se desborden y lo inunden todo.

Así, en los últimos dos mil años colectivamente poner límites sanos, mirar las situaciones y estructurarlas sin emoción, crear empresas y expandiarlas fue algo bienvenido en varones, pero nunca en las mujeres. Aún ahora, a mujeres líderes se les exige lo que no se les exigiría a los varones en este terreno de equilibrio entre la emoción y el orden, entre el agua y la tierra.

En la configuración de esta luna llena, los nodos en aspectos bondadosos con el Sol en Tauro y la Luna en Escorpión nos demandan pesar nuestras relaciones y las formas como nos vinculamos… nos demandan ser guardianas de nuestros espacios sagrados.

Y es que muy poco sabemos de esto. Cuando pensamos en “cuidar los vínculos” inmediatamente pensamos que esto significará decir SI a todo lo que el otro necesite, estar disponible todo el tiempo, sacrificarnos por el otro, estar dispuestas a meternos en conflictos y a traicionarnos por evitarle conflictos al otro. Pensamos erradamente que cuidar los vínculos significa complacer, callar nuestras necesidades, salvar a toda persona que se nos cruce, presentarnos como esponjas emocionales disponibles para que los otros nos dejen caer sus residuos y venenos.


La Escuela de Escorpión nos hace mirar nuestros propios desechos emocionales, físicos y mentales. Y nos pregunta si en verdad nos estamos haciendo cargo de ellos, y los estamos reciclando y transformando, o nos limitamos a tirarlos en la Tierra y en nuestras relaciones, contribuyendo así a la contaminación emocional, mental, material y espiritual.


Ya no podemos seguir acumulando nuestra basura. No podemos seguir perpetuando patrones de dolor, de mentiras, de compulsión. Necesitamos hacernos cargo de nosotras mismas, y permitir que los otros se hagan cargo de sí mism@s con dignidad. Es urgente.

Urge reconocer cuáles son nuestros espacios sagrados, y urge reconocer cómo hacemos y qué nos decimos para permitir que otros los invadan. Nuestros espacios sagrados son nuestro tiempo, nuestra casa, oficina, y todos los lugares que nos reciben en creatividad y para descanso. Son los lugares donde nos creamos y re-creamos: tiempo con nosotras mismas, nuestra habitación, el escritorio donde escribimos, el estudio donde creamos, los medios por donde elegimos comunicarnos… todos ellos son nuestros espacios sagrados.

¿A quiénes les permitimos entrar? ¿Permitimos que otros nos depositen su basura mental, emocional y física? ¿Estamos disponibles todo el tiempo y sacrificamos tiempo con nosotras para poder estar para los demás? ¿Priorizamos las necesidades de otros a las nuestras? ¿Nuestros medios de comunicación están invadidos por vampiros energéticos? … Si es así, entonces el conflicto no son los otros… el conflicto está en nuestra imposibilidad de soltar formas tóxicas de vincularnos.

Un espacio sagrado amorosamente custodiado siempre nos permitirá amar a los otros sin dejar de amarnos a nosotras mismas… siempre nos permitirá acompañar a otros sin que esto implique descuidarnos.

Soltar el traje de La Salvadora

Para ser miradas hemos aprendido a portar el traje de La Salvadora, y hemos elaborado formas dolorosas de vincularnos en nuestras relaciones, dando por hecho que nuestras necesidades y deseos no son importantes cuando se trata del bienestar grupal y colectivo.

Muchas mujeres, sobre todo las sanadoras, mujeres medicina, terapeutas convencionales y holísticas y acompañantes de procesos hemos creído que estar al servicio implica portar el traje de la Salvadora en todo momento… dentro y fuera de consulta, en todas nuestras relaciones de amistad, romance, profesionales y de familia. Y hemos creído que brindar un servicio con amabilidad implica despedazarnos en tiempo y espacio para que el otro o la otra logre cruzar el río de crisis. Hemos pensado que la salvación de una persona, situación o grupo está sobre nuestros hombros, pero no es así.


Justo las brujas, las sanadoras, las magas, las terapeutas, las maestras, las parteras del alma, las doulas del corazón, las instructoras de nuevos vínculos con el cuerpo, las hacedoras de medicina con plantas y aromas, son las que más requieren aprender a custodiar su energía y espacios sagrados. No como un berrinche, no en el rol de una niña desbordada que reclama a otros porque no le dan el suficiente dinero, el suficiente cuidado o cobijo, la atención que ella siente que merece… esto no es lograr una custodia sana del espacio sagrado, es más bien una rabieta que proviene de una mujer que no sabe regularse, y que seguramente proviene de un dolor más profundo.


La custodia equilibrada de nuestros espacios sagrados y los límites amorosos siempre surgirán de un profundo autoconocimiento. Es necesario primero conocernos, querernos, entendernos y mirarnos, para saber colocar orillas y lindes sanos en nuestras relaciones. Asegurándonos así una humedad creativa en belleza y luz.

Los nodos están haciendo profundamente su trabajo. El Nodo Norte en Cáncer nos pide habitar el corazón y las emociones, cuidar de nuestras aguas para que nuestra creatividad fluya, para que nuestras emociones que permean en la creación de la realidad sean las emociones más bellas y vivaces. El Nodo Sur en Capricornio nos pide custodiar y custodiarnos, nos pide estar en el cuerpo para permitir que esas emociones y aguas humedezcan nuestros órganos y huesos.

Si nos sentimos “secas”, si nos sentimos deshidratadas y marchitas en nuestra creatividad, quizás es porque necesitamos custodiar más nuestros espacios sagrados y revisar verdaderamente con quiénes elegimos compartir palabra, tiempo y experiencias. Quizás estamos dando demasiado que nos sentimos drenadas.

Si nos sentimos rebozadas de emoción, sensación, ensueño… Si nos sentimos vivas y creativas entonces es que hemos mantenido un equilibrio amoroso en nuestros límites que nos permiten darnos y dar a otros.

Aquí y ahora es necesario soltar el traje de Salvadora para no perdernos en el camino, para continuar haciendo lo que amamos y que aporta tanto a la humanidad, pero sin quemarnos. Aquí y ahora las mujeres que acompañamos a otras a sanar necesitamos dejar el traje asistencialista y permitir que la dignidad de quien es ayudad@ aflore. No es bueno ser una esponja emocional, no es saludable estar disponible todo el tiempo olvidando cultivar tiempo para nosotras. No es saludable que nuestra autoestima y autovaloración dependa del aplauso externo. No es saludable vivir anticipando o adivinando las necesidades de los otros.

Somos completas siempre, y cada quien es responsable de su felicidad y autocuidado. Desde ese lugar, como seres humanos podemos aprender a convivir mejor en el tejido colectivo. Quienes nos aman, aceptarán que coloquemos límites para autoamarnos y cuidar de nuestra salud emocional y espiritual.


Quizás cuando fuimos pequeñas decir NO nos implicó colocarnos entre la vida y la muerte. No cuidar de nosotras implicó un acto de supervivencia. Esto se quedó en nuestro cuerpo como una impronta. Y es necesario con amor y compasión hacerle saber a nuestro cuerpo que guardiana las memorias de esas aguas, que ahora está a salvo, que podemos colocar límites que cuiden de nuestro espacio sagrado sin jugarnos el amor de las personas que merezcan quedarse.


Loto

Esta luna llena nos pide ser una Flor de Loto que aprendió a abrirse paso desde las aguas oscuras, que aprendió a conectar con el cielo desde la densidad profunda de sus raíces. A ser la flor de loto que en resiliencia aprendió a cuidar de sí misma, aprendió a autoregularse, a ser su propia madre, a ser su mejor amiga y así, no traicionarse más.

En esta luna llena necesitamos aprender a dejar de buscar las flores en los otros, para poder mirar el jardín que en nuestro corazón espera ser mirado.

Que el aguijón que nos lastimó sea nuestro iniciador a la medicina del autocuidado, del amor propio, de los límites sanos y del compartir equilibrado de nuestra medicina al mundo.

Karina Falcón

Creadora y Directora en La Mujer Lunar

www.mujerlunar.com

Publicado por

senderosalalma

psicologa con orientacion transpersonal, Formadora y facilitadora de Nuevas Constelaciones, Terapeuta Energética

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